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Distracción digital vs. TDA: Claves para entender la atención en los jóvenes
Hay momentos y acciones en las que sí se presta atención. Como padre, docente, o persona cercana al joven, ¿en qué momento identificas que se está prestando atención?
Hay que identificar en qué momentos sí logra concentrarse, qué actividades favorecen su atención y qué condiciones contribuyen a su bienestar.
MEXICALI.- En un entorno donde los dispositivos digitales forman parte de la vida cotidiana, especialmente entre niñas, niños y adolescentes, las dificultades para concentrarse pueden ser cada vez más visibles.
Sin embargo, distraerse con facilidad o pasar varias horas frente a una pantalla no significa necesariamente tener un Trastorno por Déficit de Atención (TDA).
La Dra. Elisa González, psicóloga del área Psicopedagógica de la Preparatoria CETYS Universidad Campus Mexicali, señaló que para comprender las dificultades de atención es necesario observar el contexto en el que se presentan y evitar conclusiones basadas únicamente en el tiempo que una persona pasa frente a un dispositivo.
Desde la perspectiva de la Psicología Positiva de Martin Seligman, recomendó no centrarse únicamente en aquello que el joven no puede hacer, sino identificar en qué momentos sí logra concentrarse, qué actividades favorecen su atención y cuáles condiciones contribuyen a su bienestar.
“Hay momentos y acciones en las que sí se presta atención. Como padre, docente, o persona cercana al joven, ¿en qué momento identificas que se está prestando atención?”, planteó la especialista.
El contexto influye en la atención
La experta CETYS indicó que diferenciar una dificultad relacionada con los hábitos digitales de un posible trastorno requiere observar dónde y cuándo ocurre la distracción. Si se presenta en determinados espacios o actividades, puede responder a las características del entorno; en cambio, cuando persiste en diferentes áreas de la vida y durante un periodo determinado, es necesaria una evaluación profesional.
“Primero hay que prestar atención a lo que ocurre en su contexto”, señaló la Dra. González, explicando que factores como el hogar, la escuela y las actividades extracurriculares influyen en la manera en que se mantiene la atención.
En este sentido, la tecnología representa un reto particular debido a la cantidad de estímulos y recompensas inmediatas que ofrece. Redes sociales, videojuegos y plataformas digitales están diseñadas para mantener el interés mediante estímulos constantes, lo que puede elevar las expectativas de entretenimiento y hacer que actividades cotidianas parezcan menos atractivas.
Por ello, la especialista invita a las familias a identificar qué dinámicas están siendo desplazadas: la convivencia familiar, el juego, el deporte y las experiencias sociales suelen reducirse cuando el tiempo libre se concentra en las pantallas.
Sin embargo, aclaró que la tecnología también puede utilizarse de manera positiva mediante aplicaciones educativas, retos cognitivos, actividades creativas o el uso de herramientas como la cámara del celular para fotografiar la naturaleza.
Bajo esta línea, mencionó que el objetivo no consiste en retirar los dispositivos, sino en construir hábitos equilibrados y ofrecer alternativas como practicar deportes, participar en clubes o aprender disciplinas artísticas para fortalecer la autonomía y la conexión social.
Para diagnosticar o mejorar la capacidad de concentración, la docente sugirió revisar primero aspectos cotidianos esenciales:
-.Hábitos de sueño: Evaluar la calidad del descanso y las rutinas del hogar.
- Uso de pantallas: Medir el tiempo y el propósito del celular, videojuegos y redes sociales.
- Entorno de estudio: Adecuar el espacio de tareas y programar pausas durante el estudio.
Por otra parte, explicó que la atención y el bienestar de los jóvenes requieren la participación de distintos entornos. Corresponde a la familia conocer y establecer hábitos y rutinas; a la escuela, observar el desempeño académico y social; y a los profesionales de la salud mental, integrar la información de los diferentes contextos para determinar si los criterios de un trastorno corresponden con la realidad del estudiante.
La Dra. Elisa subrayó que antes de atribuir una dificultad exclusivamente al TDA o al uso excesivo de dispositivos, resulta necesario mirar el panorama completo: qué ocurre, en qué contexto, desde cuándo, con qué frecuencia y cómo impacta el aprendizaje y las relaciones.
“Para cambiar conductas, hay que cambiar contextos. Hay un principio en la Psicología que dice que el contexto determina la conducta, por lo que sí este cambia, su conducta tenderá a modificarse”, concluyó la especialista.
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