Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) anunciaron el fin de las “pausas tácticas” y declararon a la ciudad de Gaza como zona de combate, lo que restringe el acceso a ayuda humanitaria. La medida ocurre en un contexto de hambruna creciente, desplazamientos masivos y denuncias internacionales por presuntos crímenes de guerra

La ciudad de Gaza vive uno de sus episodios más críticos desde el inicio del conflicto en octubre de 2023. Este viernes, las Fuerzas de Defensa de Israel declararon el enclave como “zona de combate”, lo que implica la suspensión inmediata de las pausas humanitarias que habían permitido, de forma limitada, la entrada de alimentos y medicinas.

La medida anticipa una intensificación de las operaciones militares y amenaza con desplazar a cerca de un millón de personas que aún permanecen en la ciudad. Según datos de Naciones Unidas, más de 63 000 personas han muerto y 159 000 han resultado heridas desde el inicio de los bombardeos israelíes. La ONU advierte que la hambruna se expande rápidamente, afectando de manera desproporcionada a niños y ancianos.

La comunidad internacional ha reaccionado con preocupación. En Nueva York, más de 500 empleados de Naciones Unidas firmaron una carta abierta solicitando que la situación en Gaza sea reconocida legalmente como genocidio, mientras que organizaciones humanitarias exigen corredores seguros para el ingreso de ayuda.

Paralelamente, Estados Unidos revocó las visas de altos funcionarios palestinos previo a la Asamblea General de la ONU, una decisión que ha generado críticas y que las autoridades palestinas califican de medida política para debilitar su representación diplomática.

Mientras tanto, en el terreno, los hospitales operan al borde del colapso, la electricidad es casi inexistente y los suministros básicos escasean. La población civil se enfrenta a una catástrofe humanitaria que, según advirtió el Programa Mundial de Alimentos, podría convertirse en la peor crisis de hambre del siglo XXI si no se restablece la ayuda internacional.