La revisión a la baja en el pronóstico para México se debe a resultados más débiles a lo esperado a finales de 2023 y a principios de 2024, con una contracción en el sector manufacturero

ESTADOS UNIDOS.- El Fondo Monetario Internacional (FMI) disminuyó sus perspectivas de crecimiento económico para México, de 2.7% estimado en enero a 2.4% para 2024 y para 2025, las proyecciones pasaron de 1.5 a 1.4%.

En conferencia de prensa para comentar las perspectivas de la economía mundial, el consejero económico y director del Departamento de Estudios del FMI, Pierre-Olivier Gourinchas, recordó la fuerte recuperación de la actividad económica en México en la segunda mitad de 2023, impulsada por la demanda interna y, especialmente, por la inversión, así como por la fortaleza en la economía de Estados Unidos y su estrecha relación con México.

Sin embargo, de acuerdo con el documento “Perspectivas de la Economía Mundial, abril 2024”,  la revisión a la baja en el pronóstico para México se debe a resultados más débiles a lo esperado a finales de 2023 y a principios de 2024, con una contracción en el sector manufacturero.

El crecimiento económico esperado para México en 2024 de 2.4% está respaldado por una expansión fiscal, antes de disminuir al 1.4% en 2025, ya que se espera que el gobierno endurezca la política fiscal.

Estas proyecciones se dan a pesar de que el organismo internacional señaló que los datos sobre el comercio bilateral de bienes antes y después de la invasión de Rusia a Ucrania confirman que la fragmentación ya está en marcha y algunas pruebas sugieren que el abastecimiento estadounidense se reasignó en parte fuera de China y hacia otros países durante el período 2017-2022, incluidos México y Vietnam.

Para América Latina y el Caribe, el FMI proyectó que el crecimiento disminuirá de 2.3% en 2023 a 2% en 2024 antes de volver a aumentar a 2.5% en 2025. Estas previsiones implican una revisión al alza de 0.1 punto porcentual para 2024, respecto a lo previsto el pasado mes de enero.

Pierre-Olivier Gourinchas destacó que en la región de América Latina hay mucha resiliencia, en un entorno de política monetarias muy restrictivas que empezaron a ser contraídas antes del resto del mundo, esto sin incluir a Argentina y Venezuela que son casos muy específicos.

Para la economía mundial, el organismo internacional estima un crecimiento económico de 3.2% tanto en 2024, como en 2025.

Explicó que la actividad económica fue sorprendentemente resiliente durante la desinflación mundial de 2022–2023, pues conforme la inflación descendía desde su máximo de 2022, la actividad creció de forma constante pese a los indicios de estanflación y recesión mundial.

El crecimiento del empleo y del ingreso se mantuvieron constantes, debido a una evolución positiva por el lado de la demanda, a la expansión por el lado de la oferta y la inesperada resiliencia económica, a pesar de las considerables subidas de las tasas de interés de los bancos centrales en aras de la estabilidad de precios, esto se debe también a la capacidad de los hogares de las principales economías avanzadas de recurrir a los importantes ahorros acumulados durante la pandemia.

Sin embargo, apuntó el FMI, el crecimiento es históricamente lento, debido a factores a corto plazo, como los costos de endeudamiento todavía elevados, el retiro del respaldo fiscal y a los efectos a más largo plazo de la pandemia por Covid-19, así como a la invasión de Rusia a Ucrania, el débil crecimiento de la productividad y el aumento de la fragmentación geoeconómica.

Además, la proyección más reciente de crecimiento mundial a cinco años, de 3.1%, es la más baja de las últimas décadas y el ritmo de convergencia hacia mayores niveles de vida para los países de ingreso mediano y bajo se ha frenado, por lo que persisten las disparidades mundiales.

No obstante, indicó el organismo, los riesgos para las perspectivas mundiales están bastante equilibrados, pero la nueva escalada de precios derivada de las tensiones geopolíticas, como la guerra en Ucrania y el conflicto en Gaza e Israel, podría, junto con la persistencia de la inflación subyacente en países con escasez de mano de obra, elevar las expectativas de tasas de interés y reducir los precios de los activos.

Asimismo, la dinámica heterogénea de la desinflación entre las principales economías también podría causar fluctuaciones cambiarias que podrían ejercer presión sobre los sectores financieros y las altas tasas de interés podrían hacer más lenta la economía más de lo previsto, ya que el vencimiento y renegociación de las hipotecas de tasa fija y el elevado endeudamiento de los hogares podrían provocar tensiones financieras.

Ante este escenario, el FMI advirtió que la prioridad de los bancos centrales a corto plazo es garantizar el descenso suave de la inflación, sin flexibilizar las políticas de forma prematura ni hacerlo demasiado tarde y causar que la inflación caiga por debajo de su meta.

Al mismo tiempo, a medida que los bancos adoptan una orientación menos restrictiva, habrá que poner énfasis en la consolidación fiscal a mediano plazo con el fin de recuperar margen de maniobra presupuestario, llevar a cabo inversiones prioritarias y garantizar la sostenibilidad de la deuda.

Abundó en la importancia de intensificar reformas que fomenten la oferta, pues esto facilitaría la reducción de la inflación y la deuda, permitiría a las economías aumentar su crecimiento hacia el promedio más alto de la era prepandémica y aceleraría la convergencia hacia niveles de ingreso más altos.

Además, el FMI aseguró que la cooperación multilateral es necesaria para limitar los costos y riesgos de la fragmentación geoeconómica y el cambio climático, agilizar la transición a la energía verde y facilitar la reestructuración de la deuda.