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‘Digger’ tropieza en taquilla y reactiva la alianza de los ‘Tres Amigos’ del cine mexicano
El desplome comercial de Digger, la ambiciosa producción de Alejandro G. Iñárritu protagonizada por Tom Cruise, provocó la defensa pública de Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón. El episodio vuelve a poner bajo los reflectores la estrecha relación creativa que durante casi tres décadas ha unido a tres de los cineastas mexicanos más influyentes de Hollywood
Alejandro G. Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón han mantenido durante décadas una alianza creativa que los llevó desde el cine mexicano hasta la cima de Hollywood.
La caída de Digger en la taquilla no solo representa un tropiezo para Alejandro G. Iñárritu y una producción cuyo presupuesto habría alcanzado hasta los 180 millones de dólares. También volvió a mostrar una de las alianzas creativas más singulares del cine contemporáneo: la que mantienen Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón.
Mientras el desempeño comercial de Digger comenzaba a deteriorarse, Del Toro salió públicamente en defensa de la película y cuestionó una publicación de IGN que recomendaba al público esperar a verla en streaming en lugar de pagar por acudir al cine.
El director de The Shape of Water calificó esa postura como “mezquina” y defendió la ambición de Digger y su apuesta por la experiencia cinematográfica en pantalla grande.
Cuarón, por su parte, compartió una serie de antiguas críticas negativas dirigidas a películas que posteriormente fueron consideradas obras fundamentales del cine, entre ellas Blade Runner, 2001: A Space Odyssey, Metropolis y The Shining.
Las reacciones fueron interpretadas como un nuevo respaldo de dos integrantes del célebre grupo conocido en Hollywood como “Los Tres Amigos” hacia el tercero.
Pero la relación entre los tres cineastas va mucho más allá de una defensa pública ante un fracaso comercial.
Una amistad que comenzó antes de Hollywood
Cuarón y Del Toro se conocieron en el ambiente cinematográfico y televisivo mexicano a finales de la década de 1980, particularmente alrededor de la serie de antología La Hora Marcada, producción que también reunió a profesionales que posteriormente alcanzarían reconocimiento internacional, entre ellos el director de fotografía Emmanuel “Chivo” Lubezki.
Iñárritu siguió inicialmente un camino diferente. Antes de convertirse en director, trabajó en radio y publicidad en Ciudad de México. Su encuentro con Cuarón ocurrió a mediados de los años 90, cuando este último ya había comenzado a desarrollar una carrera en Hollywood.
La relación entre los tres tomó una forma más estrecha alrededor de Amores Perros, el debut cinematográfico de Iñárritu en el año 2000.
Cuarón alentó a Iñárritu a mostrar la película a Del Toro. Después de verla, el director de El laberinto del fauno habría llamado a Iñárritu para decirle que había realizado una obra extraordinaria, aunque también consideraba que era demasiado larga.
La conversación terminó convirtiéndose en una colaboración informal sobre el montaje de la película, estableciendo una dinámica que se repetiría durante años: los tres cineastas se convertirían en críticos, asesores y confidentes creativos de sus respectivos proyectos.
Incluso llegaron a formalizar parcialmente esa relación con la creación de Cha Cha Cha Films en 2007 y un acuerdo de producción con Universal.
De México a conquistar Hollywood
Con el paso de los años, la alianza coincidió con el ascenso internacional de los tres directores.
Iñárritu convirtió películas como Birdman y The Revenant en éxitos tanto de crítica como de taquilla. Cuarón alcanzó una dimensión global con Gravity, mientras Del Toro consolidó su prestigio con producciones como The Shape of Water.
Los presupuestos también crecieron de manera considerable. Gravity, con una inversión superior a los 100 millones de dólares, consiguió alrededor de 700 millones de dólares en la taquilla mundial. The Revenant, cuyo presupuesto rondó los 135 millones, superó los 530 millones de dólares.
La industria también recompensó su trayectoria.
A partir del triunfo de Cuarón por Gravity en 2014, los integrantes de este grupo protagonizaron una racha extraordinaria en los premios Oscar: ganaron cinco veces el premio a Mejor Dirección en un periodo de seis años. Cuarón obtuvo dos estatuillas, Iñárritu otras dos y Del Toro una.
Tres cineastas mexicanos habían logrado convertirse en protagonistas recurrentes de una de las categorías más importantes de Hollywood.
‘Digger’, el gran riesgo que no funcionó
El nuevo proyecto de Iñárritu representaba su primera gran producción hollywoodense desde The Revenant.
Entre ambos trabajos, el director regresó al cine mexicano con Bardo, una producción en español estrenada por Netflix en 2022 que, al igual que algunos de sus trabajos anteriores, generó opiniones divididas.
La idea de Digger comenzó a tomar forma después de The Revenant y requirió aproximadamente una década para llegar a la pantalla. Iñárritu comenzó a trabajar en el guion junto con la dramaturga y escritora mexicana Sabina Berman en 2017 y posteriormente buscó incorporar a Tom Cruise al proyecto.
La participación de Cruise permitió finalmente que la producción recibiera luz verde y un presupuesto de gran escala, convirtiéndose en la mayor apuesta hollywoodense de Iñárritu desde The Revenant.
Sin embargo, esta vez la fórmula no consiguió repetir los resultados anteriores.
El fracaso comercial de Digger llega además en un momento complicado para Hollywood, después de que Mickey 17, otra producción de gran presupuesto respaldada por Warner Bros. y dirigida por un cineasta internacional ganador del Oscar, Bong Joon Ho, también enfrentara dificultades en taquilla.
El escenario podría influir en la disposición de los grandes estudios para financiar proyectos de nueve cifras encabezados por directores de autor, particularmente en un momento de transformación de la industria y consolidación empresarial.
Una alianza que permanece
El resultado de Digger no necesariamente define el futuro de Iñárritu ni el de sus dos colaboradores más cercanos. Sin embargo, representa un contraste con la extraordinaria racha de éxitos que los tres cineastas mexicanos construyeron durante las últimas décadas.
Desde Amores Perros hasta Gravity, Birdman, The Revenant y The Shape of Water, Cuarón, Del Toro e Iñárritu demostraron que era posible trasladar una identidad cinematográfica profundamente personal a producciones de gran escala y, al mismo tiempo, competir por el reconocimiento más importante de Hollywood.
Ahora, ante el tropiezo de Digger, dos de ellos volvieron a ocupar un papel que han desempeñado durante casi 30 años: defender al tercero.
La diferencia es que esta vez no lo hicieron desde una sala de edición o una conversación privada, sino públicamente, mientras Hollywood observa con atención cuánto espacio queda para las grandes apuestas de autor.
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