Según la FAO, más del 80% de la biodiversidad global se resguarda en tierras indígenas. Sin embargo, estas comunidades enfrentan presiones por megaproyectos y falta de derechos
BAJA CALIFORNIA.- El reconocimiento a la sabiduría ancestral de los pueblos originarios en materia ambiental ha cobrado mayor relevancia en los últimos años, aunque aún resulta insuficiente, señaló el ingeniero bioquímico José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental México A.C. Recordó que, a nivel internacional, la Comisión para la Cooperación Ambiental –instancia vinculada al TMEC– cuenta con un consejo especializado en conocimiento ecológico tradicional, lo que evidencia que este legado cultural constituye un aporte invaluable para la conservación de los ecosistemas.
Zavala destacó que en México se vive un proceso de revaloración que incluye la participación política y social de los pueblos originarios, quienes ahora buscan espacios en regidurías, diputaciones y otras instancias de representación.
Este escenario se entrelaza con fenómenos complejos como la migración interna, que en regiones como Baja California ha modificado el peso poblacional y político, al concentrar en el Valle de Mexicali o en San Quintín comunidades de origen mixteco y zapoteco más numerosas que las etnias originarias de la península, como los cucapá, kumiai o kiliwa”
Egresado del Programa LEAD por El Colegio de México, Zavala calificó de espinoso este debate, pero necesario, porque reconocer y fortalecer el papel de los pueblos originarios es también reconocer su papel histórico en la defensa de la naturaleza y el territorio. El conocimiento indígena no es un vestigio del pasado, sino un saber vivo con lecciones de sostenibilidad. Subrayó, durante el Seminario Permanente Para el Desarrollo Sustentable.
Durante la sesión número 124, la Dra. Violeta Núñez Rodríguez, Profesora-Investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana, presentó la ponencia “Pueblos indígenas frente a la emergencia climática”, en la que expuso la gravedad del momento: inundaciones en Pakistán con cientos de muertes, incendios en Europa que arrasaron más de 300 mil hectáreas de huracanes que alcanzan su máxima categoría en horas. Recordó que los océanos se calientan cuatro veces más rápido que en los años ochenta, potenciando tormentas destructivas, mientras nuevas amenazas, como la minería en aguas profundas -ejemplo de ello el proyecto Don Diego en México-, ponen en riesgo los equilibrios marinos.
En este contexto, subrayó el papel de los pueblos indígenas como guardianes de la biodiversidad. La razón radica en su cosmovisión: para los pueblos originarios, la tierra, el agua, los animales y los árboles no son mercancías, sino seres con vida y con corazón. Esta concepción de comunidad extendida, donde lo humano y lo no humano conviven en equilibrio, ha permitido preservar territorios y biodiversidad durante siglos, ofreciendo una lección clave frente a la crisis climática actual.
La ingeniera química Jessica Castañeda Castillo, asesora técnica del CIGAMX, destacó que, según la FAO, en 2018 se estimó que alrededor del 80% de la biodiversidad mundial se conserva en territorios indígenas, lo que evidencia su papel estratégico en la resiliencia global. A su vez, Luis Gerardo Domínguez, subdirector del CIGAMX, advirtió que estas comunidades enfrentan limitantes estructurales: falta de reconocimiento de derechos, presión de megaproyectos y escasa integración de su visión en la planeación ambiental. “El reto es transformar la gobernanza incorporando la mirada biocultural”, señaló.
Para la investigadora de la UAM, es urgente dejar de ver a los pueblos indígenas como beneficiarios pasivos. “Ellos no esperan que alguien los salve; están defendiendo sus bosques, sus aguas y sus formas de vida. Lo que necesitamos es un Estado que los escuche y los acompañe”, mencionó con firmeza.
La sesión concluyó con un mensaje claro: frente a la emergencia climática, la respuesta no radica únicamente en la tecnología o las normas, sino en reconocer y revitalizar los saberes bioculturales. La ponencia de la Dra. Núñez y las reflexiones de los moderadores coincidieron en que la sostenibilidad del futuro depende de un diálogo real con los pueblos originarios, donde su conocimiento sea asumido como patrimonio vivo e indispensable.