El desequilibrio de la especie también complica la posibilidad de salvarla. De los ejemplares restantes, menos de 100 son hembras; es decir, menos del 25 por ciento puede reproducirse para conservar la población.

 



WASHINGTON, EU.- La conservación de la ballena franca del Atlántico Norte luce cada vez más complicada. La pesca y el cambio climático son los principales factores que disminuyen la cantidad de ejemplares y en los últimos dos años han muerto al menos 28 y quedan otros 400.

El desequilibrio de la especie también complica la posibilidad de salvarla. De los ejemplares restantes, menos de 100 son hembras; es decir, menos del 25 por ciento puede reproducirse para conservar la población.

Este mamífero, incluido en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, por sus siglas en ingles), alcanza la madurez sexual hasta los 10 años y las hembras dan a luz solo a una cría cada tres o cinco años.

La caza de estos cetáceos fue prohibida en 1935, pero cada año, al menos 100 se enredan en líneas de pesca verticales en el Océano Atlántico, según un nuevo informe de Oceana, dado a conocer este jueves.

Josh Laughren, director ejecutivo de la organización que busca preservar y restaurar los océanos del mundo, afirmó que si las tendencias continúan, la recuperación de la ballena franca será imposible, por lo que presionan a los gobiernos de Estados Unidos y Canadá para que trabajen juntos y terminen con la pesca en el hábitat de la especie.

A pesar del ajuste de medidas de la administración canadiense en agosto de este año, Oceana recomienda descontinuar el uso de la línea de pesca vertical, monitorear a los buques pesqueros y aplicar restricciones de velocidad en el océano para frenar la disminución de ejemplares.

Alrededor del 83 por ciento de ballenas francas se ha enredado al menos una vez en redes de pesca; las utilizadas para capturar langostas, cangrejos de nieve y peces como el fletán y el bacalao, son las que más las lastiman aletas y colas.

Los cortes en las extremidades y huesos dificultan tanto el movimiento, reproducción y hasta la alimentación del mamífero, que pueden provocar ahogamiento.

Las inusuales tasas de mortalidad de esta ballena podrían atribuirse también a que el plancton copépodos, pequeña criatura parecida a un camarón que es su principal fuente de alimento, está migrando hacia el norte a aguas más frías.